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Víctor Parada / Multi-Property General Manager de Santiago Marriott Hotel

El reloj marca la 9:50 de la mañana y una gran cantidad de personas se moviliza al interior del hall central del Santigo Marriott Hotel ubicado en Las Condes. Algunos de ellos conversan, se toman un café y otros hacen el check-in. En medio de las maletas de quienes van llegando al hotel a registrarse, aparece Víctor Parada, Multi-Property General Manager Santiago Marriott Hotel y Courtyard Santiago by Marriott, vestido con un traje negro y con una insignia que lleva su nombre. “Buenos días, jefe”, le dicen algunos de los trabajadores, estrechándole la mano.

La jornada para el ejecutivo, no obstante, había comenzado tres horas antes, pues luego de dejar a sus hijos en el colegio, se dirigió inmediatamente al hotel para su primera reunión de planificación, la que parte a las 8:00 en punto. Y aunque en el transcurso del día puede llegar a tener hasta cinco reuniones, todo termina a “una hora prudente”, asegura, lo que le permite jugar al pádel con sus amigos tres veces a la semana.

“No siento que el tiempo juegue en mi contra. Si se sabe administrar, se puede hacer todo lo que uno se proponga”

“En la actualidad me siento un privilegiado con mis tiempos”, reconoce Parada, acotando que en las noches llega a ver televisión, específicamente Netflix. “Con mi señora estamos obsesionados con Peaky Blinders, una serie de televisión inglesa de drama histórico”, explica. Los fines de semana corta el pasto de su casa, sale con sus tres hijos a caminar al aire libre y le gusta juntarse en torno a una parrilla con su familia y amigos.

“No siento que el tiempo juegue en mi contra. Si se sabe administrar, se puede hacer todo lo que uno se proponga”, reflexiona.

No siempre fue así. Antes de asumir la gerencia general de Santigo Marriott Hotel, Parada había trabajado por más de 20 años en el rubro, constantemente ascendiendo posiciones. Comenzó como barman de los cruceros de la cadena Royal Caribbean, y ahí podía llegar a trabajar en promedio 14 horas diarias, durante seis meses consecutivos. “No había tiempo para nada más que no fuera trabajar. En esa parte de mi vida, eché de menos poder tener la libertad de hacer las cosas que yo quería”, recuerda.

“Este rubro requiere sacrificios y esfuerzos para ir avanzando”

Una vez trabajando en Hoteles Marriott, tuvo la oportunidad de ser trasladado a países como Emiratos Árabes, Malasia, Ecuador y Costa Rica, aunque cuando piensa en ese período, dice que le hubiera gustado aprovechar mejor esa etapa para disfrutar del lugar donde estaba viviendo. Sin embargo, la carga laboral era inmensa: “La vida de hotelero es así, casi todos partimos muy de abajo. Este rubro requiere sacrificios y esfuerzos para ir avanzando”.

De esos cuatro países, la experiencia más sacrificada fue en Dubai ya que al ser una ciudad musulmana, el día libre legal sólo era el viernes. “En ese época jugué mucho contra el tiempo. Los jueves salía a la 1 de la mañana y los viernes intentaba descansar lo que más podía. Cuando estaba ahí, añoraba tener más tiempo para salir, viajar, ir a la playa y conocer, pero no pude. Así estuve dos años”, cuenta.

“Cuando estuve en Dubai, añoraba tener más tiempo para salir, viajar, ir a la playa y conocer”

Pese a ese ritmo vertiginoso, admite que no siempre vivir y trabajar en el extranjero implicó un gran sacrificio. Recuerda su experiencia en Costa Rica con cariño y nostalgia, por ejemplo. “Era maravilloso llegar a las 7 de la tarde a la casa, con un sol precioso frente a la playa. Todos los días comías frente al mar, te dormías con el ruido de las olas y despertabas con la sensación de que estabas de vacaciones, pero trabajando”, recuerda con una sonrisa en el rostro.

Ese gusto por disfrutar del aire libre y la naturaleza es algo que viene de muchos años antes, de cuando estaba en el colegio y pertenecía a una agrupación scout, con la que se iba de campamento al menos tres veces al año. “Pensar hoy en salir de campamento es imposible, pero es algo que me gustaría mucho volver a realizar, como lo hacía en esa época”, comenta, recordando particularmente un campamento en Quintay, en el sector de Camino Las Tablas. “Nos encantaba ir ahí porque tenía un lago grande y un amplio espacio donde podíamos jugar a la pelota”, detalla.

“Escuchar a mi abuelo, de 94 años, que nos dice que debemos aprovechar la vida, me motiva a disfrutar cada momento de mi vida”

Su gusto por el fútbol está ligado a la familia pues su primera pelota se la regaló su abuelo, una figura importante en su vida y una persona a la que le tiene una profunda admiración.

“Hace siete meses mi abuelo era muy activo y de un día para el otro se deterioró. A sus 94 años, nos dice que debemos aprovechar la vida… escucharlo me hace reflexionar y me motiva a disfrutar cada momento de mi vida. Hay que aprovechar el tiempo para hacer lo que a uno le da felicidad, compartir con los que más quieres y darse más abrazos”, reflexiona.