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Thomas Briceño / Judoca

“Ganar la medalla fue maravilloso”, recuerda Thomas Briceño, el judoca nacional que obtuvo oro en judo en los Juegos Panamericanos de Lima 2019. Dice que venía persiguiendo esa meta hace un año, y que hubo varios motivos que lo tenían concentrado en aquella misión. Entre ellos, algunos problemas económicos y una “revancha” personal por no haber podido estar en los Panamericanos anteriores, que se realizaron en Toronto.

“Había clasificado para Toronto, y en último minuto decidieron llevar a otro compañero en lugar de mí, por una lesión que tuve. Y eso me dolió harto, la verdad, me dejó con una espina en el corazón y en la cabeza”, reconoce.

Pero comenta que tenía claro que debía seguir entrenando. “No había mucho más que hacer, sino que pensar en los próximos objetivos. Creo que eso es lo que hace un deportista de alto rendimiento: nos caemos, pero siempre estamos pensando en lo que viene y preparándonos para el próximo objetivo”.

Eso es parte de lo que le enseñó su familia, que siempre le ha inculcado tres cosas: disciplina, constancia y perseverancia. “Con esos valores siempre vas a lograr lo que te propongas. Si puedes mantenerte así en el deporte, en la vida, en los estudios, en la familia y en todo, siempre vas a lograr los objetivos que persigas”, explica.

“Eso es lo que hace un deportista de alto rendimiento: nos caemos, pero siempre estamos pensando en lo que viene y preparándonos para el próximo objetivo”

Y en ese sentido, para el deportista sus padres y su hermana siempre han resultado ser un apoyo fundamental. Briceño cree que para que un deportista tenga una carrera exitosa, tiene que haber alguien detrás. “Siempre, lamentablemente, existirá quienes intenten trabar tu carrera. Y muchas veces por cansancio, por lesiones, por esas mismas personas, y tanta presión de por medio, muchos terminan abandonando. Pero si tienes a alguien detrás, personas que te apoyen, las ganas van a ser más fuertes”.

Sin embargo, no siempre se destacó en el deporte. “Tuve que empezar a hacer ejercicio porque cuando era chico tenía obesidad”, acota, y cuenta que si bien le encantaba andar corriendo de allá para acá, le gustaba comer también. “Tenía 6 años, era gordito y eso a mis papás les preocupaba. Estuve unos seis años yendo al nutricionista por mi obesidad”, añade. Así que desde niño empezaron a inscribirlo en escuelas de distintas disciplinas.

“Con disciplina, constancia y perseverancia vas a lograr lo que te propongas. Si puedes mantenerte así en el deporte, en la vida, en los estudios, en la familia y en todo, vas a conseguir los objetivos que persigas”

“Partí haciendo fútbol”, cuenta el oriundo de Quilicura. “Jugué con Sebastián Martínez, que jugó en la Universidad de Chile y con quien hasta el día de hoy somos muy amigos. Pero bueno, el Seba siguió el camino del fútbol y a mí me gustaba más agarrarme a combos”, bromea.

Después de eso pasó por el karate, natación, hasta que llegó al judo. “Con mi papá jugábamos a las luchas y siempre fue brusco conmigo, así que se me hizo fácil después jugar con los niños”, recuerda.

Dice que empezó de a poco. A los 7 años tuvo su primera competencia nacional y aunque perdió por no saber bien las reglas del judo, igual obtuvo su primer reconocimiento porque sus papás, como premio a su esfuerzo, mandaron a hacer una medalla para regalarle.

En esa ocasión, sin embargo, se les acercó el entrenador de la selección nacional, Julián Brunet, “y le dijo a mi papá que era bueno y que tenía condiciones”. Fue entonces cuando su padre le dijo “¿te imaginas un día llegas a una final, en algún torneo importante, peleando contra un brasileño y todos empiezan a gritar ‘¡Thomas!¡Thomas!”.

“Mis padres siempre alimentaron mi ilusión, mi garra y mis ganas de hacer las cosas. Y en un minuto se dio. En 2009, en mi último Sudamericano como cadete, realizado aquí en Chile, peleé la final contra un brasileño y gané. Pasó tal y como mi viejo lo había dicho, es mi gurú”, comenta.

Entrena seis horas diarias, tres en la mañana y tres en la tarde, de lunes a viernes. En sus espacios libres, estudia: “Entré el año pasado a estudiar mecánica automotriz en Duoc UC”.

“Mis padres siempre alimentaron mi ilusión, mi garra y mis ganas de hacer las cosas. Y en un minuto se dio”

Se siente afortunado, pues sus profesores y jefes de carrera le acomodan los horarios para que pueda compatibilizar de la mejor manera sus tiempos.

Algo que no pasó anteriormente, cuando estudió lo mismo en la Universidad de Santiago (Usach) y “reprobé un ramo por tercera vez, por falta de tiempo. Y me echaron”. En varias ocasiones le pasó que le tocaba viajar en temporada de controles, pero “si faltaba a un control no había excusa, me ponían un 1”, explica. Lo mismo pasaba con las pruebas recuperativas, y eso hacía que después en los exámenes tuviera que sacarse muy buenas notas para poder pasar.

Hoy, además del estudio y el entrenamiento diario, debe hacer espacio en su agenda para cumplir con otras actividades ligadas a auspicios, entrevistas y charlas, entre otras. “Desde los Juegos Panamericanos vino una explosión de cosas. Pero la verdad es que estoy súper agradecido, por lo que no me quejo de tener que estar corriendo para todos lados”, sostiene. Y por lo mismo, es muy consciente de que estando en Chile debe manejar bien su jornada. 

“Desde los Juegos Panamericanos vino una explosión de cosas. Pero estoy súper agradecido, por lo que no me quejo de tener que estar corriendo para todos lados”

De todas maneras, se da el tiempo para compartir con su familia y su pareja, con quien vive hace dos años. “Con ella siempre cocinamos, es una buena instancia para compartir entre los dos. Muchas veces, entre lo que corro para allá y para acá, el momento de cocinar y comer es único”, acota.

Además, con su mamá y su hermana se reúne en la semana a comer, mientras que a su papá lo ve los fines de semana, ya que trabaja en el norte.

“Siempre me doy tiempo para ellos, mi familia siempre será prioridad. Por eso, hoy en día para mí el tiempo es más valioso que el dinero, porque gracias a él puedo disfrutar las cosas y hacer todo lo que hago. Sólo hay que saber repartirlo bien”, resalta.

No obstante, hay ocasiones en que las horas no le alcanzan para todo y reconoce dormir poco, sobre todo en Chile. Además, dice que se ha perdido muchas instancias familiares importantes por estar fuera del país.

“Siempre me doy tiempo para ellos, mi familia siempre será prioridad. Por eso, hoy en día para mí el tiempo es más valioso que el dinero, porque gracias a él puedo disfrutar las cosas y hacer todo lo que hago. Sólo hay que saber repartirlo bien”

“Un tío muy querido murió mientras yo estaba en un mundial, en 2015. Son momentos en que uno se cuestiona”, dice, agregando que lo misma le pasaba cuando en el país sucedían cosas importantes. Sin embargo hoy, a sus 26 años, “pienso que si realmente es muy necesario y muy urgente que yo esté en Chile por alguna situación en particular, hablo con el profesor, me compro un pasaje y vengo”.

También valora las oportunidades que ha tenido de viajar, porque “te hace pensar distinto a la mayoría de las personas que se quedan en el país. Compartir con distintas culturas, ver a distintas personas, relacionarte con deportistas de otros países, te abre la mente y muchas veces te hace enfrentar las situaciones de forma distinta, desde otra perspectiva”.

Hoy, su mente, sus entrenamientos, su recuperación de lesiones, su tiempo y toda su energía está puesta en clasificar para los próximos Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

“Quiero meterme en medalla en Grand Prix, Grand Slam y revalidar el título de campeón panamericano. Eso me daría la clasificación directa a los Juegos Olímpicos”, subraya.