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Simona Castro / Gimnasta

El reloj marca las 11 con dos minutos de la mañana y la gimnasta Simona Castro entra puntual al café La Candelaria, ubicado en el Barrio Italia. Luego de varios intentos de fijar un día para la entrevista, accede un miércoles ya que es el día que no tiene entrenamiento. Se sienta en una de las mesas del colorido lugar y ordena una infusión de naranja.

“Me vine en Uber porque me atrasé”, dice a modo de disculpa por esos dos minutos que alcanzaron a pasar luego de las 11:00 hrs. “A mí no me gusta que me hagan esperar”, acota la deportista que ha llegado a dos Juegos Olímpicos

–Londres 2012 y Río de Janeiro 2016–, y que actualmente se prepara para los Juegos Panamericanos y para el Mundial de Gimnasia Artística, buscando un cupo para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

“Mi mamá pensó que la práctica de la gimnasia artística podía ser una opción para disipar un poco mi energía y que, al mismo tiempo, me aportara disciplina”

Un lugar al que ha llegado luego de años de arduo sacrificio y duro entrenamiento, que comenzaron a temprana edad –a los seis años– pero pensando en canalizar la hiperactividad que la pequeña Simona tenía en el colegio y en su vida en general.

“Mi comportamiento era muy desordenado, por lo que mi mamá pensó que la práctica de la gimnasia artística podía ser una opción para disipar un poco mi energía y que, al mismo tiempo, me aportara disciplina”, explica Castro, añadiendo que a sus 13 años comenzó a dedicarle mucho más tiempo a este deporte, entrenando doble jornada pese a que a veces extrañaba la cotidianeidad o las cosas simples de esa edad, como salir con sus compañeros de colegio.

“Me gusta distribuir mi tiempo libre en actividades que me mantengan activa”

Sin embargo, por esa época se dio cuenta de que las jornadas de entrenamiento no le bastaban, que quería algo más, y que el deporte sería su prioridad.

“La gimnasia me enseñó a fijarme metas en un mundo muy instantáneo, donde se nos olvida pensar en grande y perseguir nuestros sueños. Es verdad que es sacrificado a nivel social, pero el deportista necesita darle prioridad a la disciplina. Puedo tener toda la vida para estudiar y toda la vida para salir, pero el tiempo para un gimnasta es tan corto, que vale la pena entregarle toda la dedicación”, reflexiona.

Aunque no en un 100% porque con los años, Castro ha aprendido a dedicar algunos espacios para otras actividades distintas al deporte y que concentra los fines de semana. Como el canto, que define como uno sus hobbies y que está perfeccionado a través de clases que toma las mañanas de los sábados. “Trato de no faltar”, asegura, añadiendo que para aprovechar los ratos libres del fin de semana prefiere hacer actividades fuera de casa, como ir al cine o recorrer el centro de Santiago para descubrir nuevos restaurantes. “Me gusta distribuir mi tiempo libre en actividades que me mantengan activa. Hacer trekking en el cerro, ir al Cajón del Maipo, viajar a la playa”, ejemplifica.

“La gimnasia me enseñó a fijarme metas en un mundo muy instantáneo, donde se nos olvida pensar en grande y perseguir nuestros sueños”

Cuando piensa en su segunda prioridad en la vida, dice que es su carrera de administración de empresas que estudió con beca deportiva durante cuatro años en Estados Unidos, en la Universidad de Denver, que representaba en torneos de gimnasia artística.

“Nunca he visto la gimnasia como un sacrificio, me gusta no tener una vida normal”

Fue un período muy duro, tan difícil de “agarrar” el ritmo que llegó al punto de cuestionarse si debía volver a Chile o no. “Cuando estudias siendo deportista, el tiempo es más acotado y hay que aprender a ser eficiente. Ellos tienen un sistema muy demandante, te pones las pilas o adiós”, recuerda.

Su carrera, sin embargo, está aún “en suspenso”, a la espera de completar algunas metas deportivas, como poder llegar a los próximos Juegos Olímpicos que se realizarán en Tokio, uno de los destinos que más le ha gustado dentro de todos los viajes que le ha tocado realizar al participar en diversas competencias alrededor del mundo.

“Pienso retirarme después de Tokio 2020, pero no porque no pueda seguir, sino porque quiero dedicarle más tiempo a mi carrera profesional”

“El Mundial de Gimnasia de 2011 se desarrolló en Tokio, un lugar con una cultura tan desarrollada, tecnológica y modera. Es increíble. Tengo muchas ganas de volver”, comenta. Y confiesa que si logra un cupo para participar de esos Juegos Olímpicos, será un viaje muy especial porque lo visualiza como la fecha cúlmine de su carrera deportiva.

“Pienso retirarme después de Tokio 2020, pero no porque no pueda seguir, sino porque quiero dedicarle más tiempo a mi carrera profesional y desarrollar Gilling Chile, mi tienda de ropa deportiva que hoy es mi actividad ‘part time’ pero a la que quiero dedicarme con más intensidad. Además, me interesa el área de eventos, quizás estudiar una especialización en ese ámbito y comenzar de lleno a trabajar en eso”, aclara.