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Sergio Rademacher / Gerente general de Microsoft Chile

Su rostro puede aparecer en la pantalla de una conferencia virtual con un fondo de las Torres del Paine. Si está hablando por teléfono en la mañana, su voz suele mezclarse con el sonido de una corriente de agua, pero no porque esté cerca de un río, una cascada o una playa, sino porque está lavando la loza. En estos días de confinamiento, al gerente general de Microsoft en Chile, Sergio Rademacher, se le puede encontrar en cualquiera de los dos escenarios. Y siempre estará trabajando.

La primera locación es parte de una maniobra virtual, y así lo ve cada persona con la que se junta por Teams, la herramienta de comunicación y colaboración desarrollada por Microsoft, cuyos números crecen a la par de la curva del Covid-19: en abril de 2020 la plataforma registró más de 200 millones de participantes en reuniones en un solo día, equivalentes a más de 4.1 mil millones de minutos de reunión. El segundo set sí es real: antes de entrar a esta entrevista, con su fondo del emblema nacional de la Patagonia, Rademacher tuvo que tomar dos calls; y para optimizar el tiempo, se puso a ordenar la cocina mientras hablaba y escuchaba.

“Es algo que suelo hacer últimamente y es parte de esta nueva normalidad que todos tenemos. A todos nos cambió la vida. Absolutamente todas las rutinas han cambiado, pero esencialmente seguimos haciendo lo mismo de una manera distinta”, dice.

El ejecutivo ya tenía en su ADN algunas bases sólidas de lo que hoy implica trabajar en forma remota, pues la empresa a la que pertenece tiene una cultura de teletrabajo de larga data y para ellos, cumplir labores de oficina desde el hogar no es novedad.

“A todos nos cambió la vida, absolutamente todas las rutinas han cambiado”

Lo que sí es nuevo, y admite que mucho más complejo, es la adaptación al cambio de rutinas frente a todas las nuevas demandas que surgen en este contexto, donde él, como muchos en el resto del mundo, tiene que atender indefinidamente un montón de asuntos en simultáneo: trabajo, labores del hogar divididas con su señora, dos hijos de 6 y 10 años que requieren atención y ayuda con las clases y tareas en medio del encierro. Y a la vez, no permitir que la nueva rutina diaria sepulte el tiempo personal.

Por eso, todavía se levanta muy temprano, aunque no tenga que llevar a los niños al colegio ni tenga que conducir hasta la oficina. “Si antes despertaba a las 6:30, ahora lo hago a las 7:00 y antes de hacer cualquier cosa dedico tiempo a hacer algo de ejercicio. Después tomamos desayuno en familia, y depende de cómo venga el día, las reuniones parten un poco más temprano o un poco más tarde, pero por lo general cerca de las 9 ya estoy a full y me paso el día entre reunión y reunión, más o menos hasta las 18”, relata.

“Algunos días tengo que seguir en un par de calls mientras preparamos lo que vamos a comer, pero trato de compatibilizar mejor estos dos roles de tener que estar en la casa todos los días y al mismo tiempo trabajar”

Para él, los días de confinamiento empezaron siendo “muy intensos”, porque desde Microsoft estuvieron asistiendo a muchas compañías en su adaptación al mundo del teletrabajo. Y todo se tornó muy desafiante y abrumador. “Al principio de la cuarentena me costó mucho descomprimir el tiempo. A veces ni siquiera podía almorzar”, dice. Pero ahora, ese tiempo diario lo maneja un poco mejor: “Poco a poco me di cuenta que eso no estaba bien y por eso empecé a marcarme los almuerzos. Quizás algunos días tengo que seguir en un par de calls mientras preparamos lo que vamos a comer, pero trato de compatibilizar mejor estos dos roles de tener que estar en la casa todos los días y al mismo tiempo trabajar”.

Rademacher vive en una casa “inteligente” que, con los años, él mismo ha ido configurando al volcar su hobbie y pasión por la tecnología, con enchufes e interruptores que prácticamente funcionan solos; con una despensa que detecta cuando los niños se asoman y les habla en consecuencia a través de un parlante para advertirles que las frutas son mejores que las galletas; o con un sistema de riego que se activa sobre el jardín sólo cuando es necesario y que sabe si va a llover o no, para apagarse y no desperdiciar agua.

“La vida dejará de ser como la conocíamos, pero quiero confiar en que de todo esto saldrá algo bueno para el país, para el mundo”

También tiene una impresora 3D que lo saca de apuros y que durante estos días aprovecha cuando necesita algo, para no tener que salir. Hace poco imprimió una pieza de diseño para ordenar unos cables que estaban a la vista y mal ubicados en la cocina.

Sabe que es un afortunado por poder pasar los días de cuarentena en un espacio cómodo como ese y agradece la oportunidad de poder estar con sus hijos 24/7. Pero aun así, dice que hay algo de este proceso que todavía le cuesta mucho: pasar tanto tiempo sentado frente al computador.

“No tienes que salir de tu casa, perdiste las posibilidades de generar conversaciones en los pasillos, de despejar la mente entre una reunión y otra, de caminar en la calle si la reunión no es en la oficina. Parecen cosas simples, pero a mí me cuestan porque de pequeño fui diagnosticado con hiperactividad y déficit de atención y durante toda mi vida he tenido que lidiar con eso”, cuenta.

“Tendremos otros hábitos y patrones en las relaciones y en las formas de trabajar, y seremos más conscientes de la vida, de lo que realmente importa”

No está seguro de cómo tendrá que replantear su vida, sus prioridades y hasta sus gustos después de la pandemia. Disfruta hacer largos recorridos en moto y tiene pendiente lanzarse en paracaídas. Viajar es una de sus grandes pasiones, y aunque hace 15 años renunció a su trabajo de ese momento y vendió lo poco que tenía para irse con su señora a dar la vuelta al mundo durante 10 meses, todavía hay rincones que quiere conocer. Entonces la realidad le da un golpe en la cara y al menos por ahora, le puso en pausa todos los planes. Por lo pronto, en los ratos libre en casa se sienta con sus hijos a ver documentales que retratan distintas partes del planeta.

Pero sí de algo está convencido es de que una vez superada la emergencia sanitaria, ya nada será como antes. Y lo dice en positivo: “La vida dejará de ser como la conocíamos, pero quiero confiar en que de todo esto saldrá algo bueno para el país, para el mundo. Tendremos otros hábitos y patrones en las relaciones y en las formas de trabajar, y creo que también seremos más conscientes de la vida, de lo que realmente importa”.