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Santiago Machado / Gerente general de Sodexo Beneficios e Incentivos Chile

En casa, sentado en su silla de la oficina y con una camiseta autografiada por Rafael Nadal colgada en la pared, pasa hoy sus días el gerente general de Sodexo, Santiago Machado. Y es que la emergencia por el Covid-19 cambió todo lo que venía haciendo su compañía y actualmente los 165 colaboradores de la empresa trabajan desde sus hogares para atender los requerimientos de las más de 600 mil personas que reciben beneficios corporativos a través de ellos.

“No teníamos experiencia en esto porque nunca habíamos hecho trabajo desde casa”, explica, y cuenta que una de las primeras medidas que tomaron, luego de escuchar las inquietudes de sus colaboradores, fue llevarles las sillas que ocupan en la oficina y reemplazar el bono de transporte por uno de conectividad para mejorar el Internet y facilitar el trabajo a distancia.

Pero lo más importante, reconoce, fue lograr delimitar los horarios personales en esta nueva situación. Porque responder a múltiples reuniones de trabajo y, al mismo tiempo, convivir con una renovada rutina familiar es “una realidad distinta”, admite este ejecutivo venezolano que llegó en 2017 a Chile, acompañado por su esposa y dos de sus hijos, de 21 y 22 años. Sus otras dos hijas viven en España y Portugal.

“Ahora comparto más con mis hijos, a quienes normalmente sólo veía en la noche, cuando regresaba de la oficina y ellos volvían de la universidad. Había días en que, incluso, no los veía”

Como parte de la adaptación al nuevo escenario, usurpó, dice, el escritorio de su esposa, pero también estableció límites: entre las 13:30 y las 15:00 horas no está “disponible para nadie”, porque ese es tiempo para su familia. Cocina, pone la mesa, limpia los pisos, pasa la aspiradora y “ahora comparto más con mis hijos, a quienes normalmente sólo veía en la noche, cuando regresaba de la oficina y ellos volvían de la universidad. Había días en que, incluso, no los veía”.

La importancia que toma el tema familiar en esta nueva forma de trabajar no es sólo para él: “El mensaje que le hemos dado la mayoría a los trabajadores es ‘ustedes son los que manejan su agenda; sepan decir que no en los momentos en que tienen espacios personales que son de mucho valor, porque lo de la empresa, salvo que sea una emergencia, puede esperar’. Entonces los días son cortos o largos, dependiendo de cómo tú permitas que sea ese tiempo”.

En este contexto, si hay algo que extraña son las actividades físicas al aire libre. Cuando llegó a Chile habilitó una sala con máquinas de gimnasio para ejercitar junto a su esposa, lo que hacen entre cuatro y cinco veces a la semana, pero lo que le gustaría hacer es andar en bicicleta y jugar tenis y golf, deporte este último que practica desde hace más de 30 años y le gusta porque le deja tiempo y espacio para pensar y competir consigo mismo.

“El mensaje que le hemos dado la mayoría a los trabajadores es ‘ustedes son los que manejan su agenda; sepan decir que no en los momentos en que tienen espacios personales que son de mucho valor, porque lo de la empresa, salvo que sea una emergencia, puede esperar”

Pero no sólo dedica varias horas al deporte. También es mecánico aficionado, habilidad que adquirió en su juventud, tras comprar su primer auto en su Caracas natal, mirando y experimentando para ahorrar los costos de ir al taller. Así fue juntando herramientas que conserva hasta hoy, algunas de las que han estado con él por más de tres décadas y que trajo a Chile cuando se mudó con su familia.

Esa gran caja de herramientas, de más de un metro y medio de alto, lo acompaña también en los arreglos que hace en casa. Y es que como le encanta el trabajo manual, es el encargado de todas las reparaciones que van surgiendo y su esposa, dice él, es la más feliz con esa afición.

Además de los deportes al aire libre, reconoce que también echa de menos las reuniones con sus amigos. La mayoría de ellos corresponde a venezolanos residentes en Chile, con quienes sigue viéndose por videollamada, “pero no es lo mismo. Y aunque evidentemente quizás no vas a llegar a darles un abrazo o darles la mano, estar cerca y poder escuchar a tus amigos en vivo ayuda mucho”.

Por eso, terminando la cuarentena quiere organizar un asado con ellos. “Que vengan para acá, manteniendo la distancia, pero vernos”, añora. También le gustaría salir a comer con su esposa, costumbre que han debido dejar de lado por la pandemia.

Lo bueno, cuenta, es que en febrero, justo antes de la contingencia sanitaria, fueron juntos a Bora Bora, viaje que se suma a una larga lista que los ha llevado a conocer en Chile hasta los fiordos del sur e, incluso, la reserva de Kruger National Park, en Sudáfrica, donde vio de cerca a los animales de la selva en su propio hábitat. “Una experiencia para recordar toda la vida”, asegura.

“Aunque evidentemente quizás no vas a llegar a darles un abrazo o darles la mano, estar cerca y poder escuchar a tus amigos en vivo ayuda mucho”

El viaje que recuerda con más cariño, sin embargo, fue antes de ir a la universidad, cuando vivió por un año con una familia de Estados Unidos, a principios de la década del ‘80. Todavía tiene contacto y llama “mamá” a la dueña de casa y, “hace un año y medio, mi hermano americano, que era uno de los hijos de la señora, vino a casa y estuvo dos semanas en Chile. Conoció el norte y el sur y después compartió con nosotros aquí en casa, con su esposa, que es de Corea del Sur”.

Mirando hacia atrás, recuerda que disfrutó su infancia plenamente. Es el menor de cinco hermanos y solía jugar en el gran patio de su casa. No era aficionado al fútbol, pero sí al béisbol o al softbol, deportes que jugó hasta venir a Chile. Continúa haciendo muchas de las cosas que hacía en ese tiempo, aunque quizás con menos intensidad de lo que lo hacía en aquella época.

Ahora está concentrado en preparar a su compañía para adaptarse a la nueva realidad que está imponiendo la pandemia y revisando constantemente temas que hay que atender para cuando los colaboradores regresen a la oficina. Detalles como la manera en que va a funcionar la máquina de café para que la gente no use sus manos y pueda transformarse en un foco potencial de contagio.

“En la vida laboral todos los días se aprende algo”, dice, y rememora que luego de licenciarse en Ciencias Administrativas -equivalente en Chile a Ingeniería Comercial- en la Universidad Metropolitana de Caracas, en una entrevista de trabajo con el presidente de L’Oreal, éste le dijo que nada de lo que había aprendido en la universidad le serviría. Y fue “palabra cierta”, recalca.

“Se aprende mucho más con la universidad de la vida, porque todos los días estamos aprendiendo”.