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Pilar Lamana / Dueña de Heladerías Biancolatte

Son las 10:30 y las tiendas del mall Costanera Center de a poco comienzan a prender sus luces para dar inicio a una nueva jornada. La heladería Biancolatte ya está en acción, con sus helados a la vista. Y Pilar Lamana aparece sonriendo desde que da la vuelta en la esquina, saludando alegremente a los trabajadores y a todos quienes a esa hora pasan por el lugar.

Ya es media mañana, pero su día comenzó hace bastante rato. Amante del buen café, se hace su desayuno muy temprano y a las siete prende su computador para organizar el día, que es bastante ocupado pues la ejecutiva divide su tiempo entre el trabajo de su heladería, las clases de Marketing en la Escuela de Administración de la Universidad Católica, y su labor como directora de Polpaico, Embotelladora Andina, Laboratorios Petrizzio y Petrobras.

Tras dos décadas trabajando en una empresa, se dio cuenta que el tiempo y la agenda no eran suyos, pero ahora sí y puede disponer de su tiempo como estime conveniente.

“Me gusta salir de mi casa con todo ya encaminado”, explica, así que eso significa revisar los correos, enterarse de las noticias en algunos medios de comunicación, ajustar su agenda de la jornada y, una vez aclarado todo el panorama, salir de su casa.

De que es multifacética, no hay duda. Pero ese aspecto de su vida se reveló luego de trabajar veinte años en Unilever y después de que un día se detuviera a reflexionar respecto a su vida, diciéndose a sí misma “date dos años para pensar qué quieres”. Y en ese tiempo, la contrataron como asesora externa en D&S, donde finalmente “reconocí que me gusta hacer muchas cosas”.

Y efectivamente las hace. Aprendió repostería en el Culinary, donde después tomó otro par de cursos. Por Internet, ha cursado también otras disciplinas, como un curso de marketing digital de la Universidad de Columbia (EEUU) que acaba de terminar.  “Si no sé algo, lo estudio, lo aprendo”, explica.

Es inquieta. Aunque tiene una oficina, le gusta visitar a sus clientes y trata de reunirse con ellos en su heladería, para también estar pendiente de lo que ocurre ahí.

“A las siete de la tarde paro, y me voy a bailar. Me encanta, es lo que más me motiva”, dice sonriendo. Pese a que tiene problemas en la espalda, y le recomendaron otras actividades, como yoga. Pero sigue bailando porque es una pasión que la acompaña desde pequeña, cuando comenzó en la Escuela Moderna de Baile y luego siguió con las clases de flamenco en el Estadio Español. Ahora, baila jazz en la Academia de Baile de Ángel Torrez. “Hemos hecho presentaciones en el Municipal de las Condes”, cuenta orgullosa.

“A las siete de la tarde paro, y me voy a bailar. Me encanta, es lo que más me motiva”

Tras dos décadas trabajando en una empresa, se dio cuenta que el tiempo y la agenda no eran suyos, pero ahora sí y puede disponer de su tiempo como estime conveniente: reuniéndose con alguien o almorzando con su hija; quizás una semana esté llena de reuniones, pero tal vez la siguiente pueda escaparse a Italia a ver a su hijo que estudia allá. Dice que la estructura en la que vivía antes la cansaba más y ahora, aunque sus actividades son múltiples, se siente con más energía y tiene más tiempo para hacer lo que le gusta.

Hija de padre español y madre chilena, y casada con un italiano, Lamana se reconoce como multicultural y amante de los viajes, que en su caso comenzaron desde muy pequeña, desde los siete años, cuando cruzaba el Atlántico para pasar el verano con sus tíos en Madrid. Y luego los veranos en Italia.

Ahora, aunque sus actividades son múltiples, se siente con más energía y tiene más tiempo para hacer lo que le gusta.

“Mis hijos viajan desde los seis meses”, agrega. “Es algo que realmente me encanta”, afirma y  comenta que al día siguiente de esta entrevista se iría a Isla de Pascua. Y explica esa fascinación un poco más: “África y Asia, por ejemplo, tienen culturas tan diferentes a la nuestra, que uno nunca se siente confortable, pero esa sensación es la que me atrae. Es muy adrenalínico eso de estar totalmente fuera de tu zona de confort”, acota.

Ya ha recorrido América y Europa casi completos, junto con gran parte de Asia. Le falta Indonesia y el centro de África porque más que hacer un turismo “paquetizado”, con guías y grupos, ella prefiere adentrarse en las distintas culturas para conocer en profundidad y entender a quienes habitan ahí: recorrió Mozambique en auto, tiene programado un viaje en una casa rodante por Nueva Zelanda y ha ido tres veces a Japón. En Myanmar, donde viajó hace unos cinco años con su familia, seguir este ritmo fue complicado, cuenta, ya que la situación política de ese país del sudeste asiático era compleja. Y hay zonas del continente africano “algo hostiles” para los extranjeros.

En medio de esta vorágine, reconoce que ha debido “aprender a descansar”, así que ahí echa mano de lo que califica como “el paraíso terrenal”, Tahití, donde ha ido ya varias veces arrendando una cabaña y compartiendo con los locales.

“Tengo pendiente un viaje más largo, pero no tengo tiempo aún. Quiero irme unos seis u ocho meses y recorrer bien, estar en varios países… Pero antes debo cerrar algunas cosas, tal vez lo haga en un par de años más”, confiesa. Junto con escribir un libro, quizás; de management, donde pueda volcar toda su experiencia en el mundo corporativo y del emprendimiento.

“Tengo pendiente un viaje más largo, pero no tengo tiempo aún”

“Tengo una frase”, dice, y se acerca un poco como si fuera un secreto: “The sky is the limit. Creo que eso falta en la gente, que se interese más por todo pues, al final, eso es lo que enriquece la vida. Interesarse por cosas que no necesariamente pasan por el trabajo. No eres más ni menos por tomar clases de cocina, por ejemplo. La clave de la vida está en disfrutar el tiempo que tenemos”.