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Patricia Capel / BU Andina President en AB Inbev

Darse el tiempo para viajar y conectarse con culturas y diferentes experiencias, es una de las actividades que más disfruta Patricia Capel, BU Andina President en Ab Inbev. Algo que, por cierto, ha debido postergar debido al riesgo que significa la pandemia del Covid-19.

Y es que la ejecutiva, oriunda de Sao Paulo, durante sus 24 años en Ab Inbev, ha tenido que viajar a diferentes países e, incluso, radicarse en el extranjero según las necesidades de la empresa: Canadá, Bélgica, Estados Unidos, Rusia, Inglaterra y por estos días Chile, son los países que han moldeado 14 años de su vida fuera de su país.

Mientras vivía en Rusia, le tocó viajar a Praga por una reunión y aprovechó de ir con su familia por el fin de semana, sin saber que esa ciudad se transformaría en uno de sus lugares favoritos por los recuerdos familiares que atesora. “Mientras recorríamos, llegamos a una feria muy linda y mi hijo mayor, que tenía 10 meses en ese momento, se encantó con un señor que tocaba un instrumento musical en la calle. Fue tanta su impresión que nunca lo olvidé. Además, al rato de esa escena, él se puso a caminar solo”, recuerda.

“Con el tiempo, comencé a adaptar mi forma de trabajar y mis prioridades. Me di cuenta que había cosas en mi vida personal que no son negociables, principalmente cuando se trata de mis hijos”

Dice que al comienzo de su vida profesional era mucho más flexible con su agenda y los horarios, pues no tenía hijos y se podía permitir más viajes laborales o trabajar hasta más tarde, por ejemplo. “Con el tiempo, fui formando una familia y comencé a adaptar mi forma de trabajar y mis prioridades. Me di cuenta que había cosas en mi vida personal que no son negociables, principalmente cuando se trata de mis hijos”, dice.

Hoy la ejecutiva se encuentra en Chile, bajo todos los resguardos que significa vivir bajo una pandemia, una situación que provocó que cambiara radicalmente su forma de relacionarse y trabajar.

“Todo este período comenzó como un caos porque el colegio de mis hijos, junto con nuestros trabajos, se fueron adaptando a medida que avanzaba el virus. En general, me considero una persona muy organizada, por lo que junto a mi marido, invertimos un tiempo enorme en organizar una rutina que fuera cómoda para todos”, explica.

“(…) Junto a mi marido, invertimos un tiempo enorme en organizar una rutina que fuera cómoda para todos (…) Lo esencial siempre lo hice, pero antes no estaba tan cerca en el día a día. Este período se conjugó para eso y para desarrollar una relación de confianza”

Además, este tiempo en casa ha generado una proximidad mayor con sus hijos, pues “lo esencial siempre lo hice, pero antes no estaba tan cerca en el día a día. Este período se conjugó para eso y para desarrollar una relación de confianza”, agrega.

Aun con toda la complejidad que envuelve el confinamiento, Capel se ha dejado ciertas ventanas en la semana para dedicarle a sus hijos y, simplemente, conversar con ellos, preguntarles cómo están.

“Una de las lecciones que me ha dejado la cuarentena, es saber que el tiempo es presencia. Yo soy muy perfeccionista y antes siempre terminaba con la sensación de que no hice todo lo que debía. Durante el confinamiento, he reflexionado mucho en relación a que la vida tiene sus imperfecciones y que uno tiene que hacer lo que mejor se pueda. No importa cuánto alcances a hacer, lo importante es que cuando estés haciendo algo, estés presente y concentrado en ello”, dice.

“Durante el confinamiento, he reflexionado mucho en relación a que la vida tiene sus imperfecciones y que uno tiene que hacer lo que mejor se pueda. No importa cuánto alcances a hacer, lo importante es que cuando estés haciendo algo, estés presente y concentrado en ello”

Dentro de su rutina, incorporó tiempos para hacer actividades que antes no hacía con tanta frecuencia, como yoga, por ejemplo, que ahora practica hasta cinco veces en la semana. “Me levanto temprano mientras mis hijos duermen y practico este deporte que me encanta. Incluso, he podido conectarme online con una profesora de Brasil que no veía hace más de 15 años”, añade.

Pintar fue otra actividad que descubrió en medio del confinamiento. “Mi hijo menor es muy artista y tiene una profesora que lo ayuda online para que siga nutriendo ese talento. Un día se me ocurrió preguntarle si tenía clases para adultos y así comencé”, comenta.

De esta forma, el yoga y el arte se han conjugado como dos de sus grandes hobbies, actividades que incluso la han ayudado a despejar su mente y llegar a resolver ciertas problemáticas relacionadas al trabajo.

Y aunque el tiempo familiar y personal que le ha entregado el encierro ha sido positivo en diferentes sentidos, extraña muchas de sus actividades anteriores, como caminar sobre la arena en medio de un día frío, salir a andar en bicicleta o esquiar con sus hijos.

“Crecí en Brasil, amo la playa. Estar ahí siempre me ha transmitido una energía muy positiva (…) Recuerdo esa libertad de estar en el mar y lo mucho que disfrutaba ir. Me encantaría hacer más a menudo viajes a la playa como esos, con el auto lleno y partir”

“Crecí en Brasil, amo la playa. Estar ahí siempre me ha transmitido una energía muy positiva. De hecho, tengo recuerdos de mi infancia con mis papás llevándonos a una playa muy cerca de Sao Paulo, que se llama Bertioga, donde mi abuela tenía una casa muy pequeñita. Recuerdo esa libertad de estar en el mar y lo mucho que disfrutaba ir. Me encantaría hacer más a menudo viajes a la playa como esos, con el auto lleno y partir”, comenta.

Aún no hay certezas respecto de lo que pasará en un futuro respecto a la pandemia, pero Capel se apresura en decir que lo primero que hará una vez superada esta etapa, será ir a visitar a sus padres en Brasil.

“Aunque en estos últimos 14 años hemos estado lejos, siempre nos visitábamos al menos cuatro o cinco veces al año. Esta es la primera vez que no los veo en tanto tiempo, por lo que apenas pueda quiero estar con ellos”, dice.