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Nicolás Shea / Fundador y Presidente de Cumplo

Se preguntó una y otra vez si habría valido la pena, el tiempo dedicado, el esfuerzo. “¿Fue necesario haber partido Cumplo?”, era la incógnita que hace casi ocho años rondaba en la cabeza de su fundador, Nicolás Shea, cuando la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF) denunció a la que hoy es la plataforma de financiamiento colaborativo más grande de Latinoamérica, al considerar que podría estar infringiendo la Ley General de Bancos, que prohíbe a las personas no autorizadas por ley a captar dineros del público o realizar correduría de dinero o de créditos.

Fue tanta la presión que se enfermó en medio de ese pleito legal.

“Me vino vitiligo, la tiroides me empezó a fallar. Y claro, cuando estás en una sala de espera a punto de descartar un cáncer, por supuesto que te preocupas, te cuestionas mil cosas y las dudas te acechan”, admite el fundador de iniciativas como el programa Start-Up Chile –que en sus inicios en 2010 se cobijó bajo el alero de Corfo–, de la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech) y de otros proyectos que ha levantado junto a Josefa Monge, presidenta del directorio de Sistema B Chile, y también su esposa.

“Los emprendedores vienen a preguntarme qué hacer, en medio de esta preocupante situación donde se frenó la caja de las empresas no sólo este mes, sino que probablemente durante los próximos dos o tres, y donde lo difícil para una empresa está en las perspectivas a largo plazo”

Hoy, sin embargo, su preocupación es el país. Por esas coincidencias que tiene la vida, hace un mes, justo cuando las protestas estallaron, un amigo lo llamó para pedirle orientación respecto a irse a Estados Unidos a desarrollar proyectos innovadores, una idea que tenía desde hace rato. Se juntaron aquel 18 de octubre a conversar, y Shea le dio el último empujón.

“Le dije que me hacía todo el sentido del mundo, al tratarse de una persona con mucha experiencia y mucho cariño por Chile. También le dije que sería muy bueno para nuestro país, porque podría funcionar como un puente”, recuerda. La charla fue prolongada. Hablaron de riesgos, proyecciones, flujos de caja, probabilidades, sin imaginar la magnitud de lo que se gestaba en la calle.

“Lo irónico es que las conversaciones que hoy tengo con muchos emprendedores son más o menos parecidas. Vienen a preguntarme qué hacer, en medio de esta preocupante situación donde se frenó la caja de las empresas no sólo este mes, sino que probablemente durante los próximos dos o tres, y donde lo difícil para una empresa, más que el tema del flujo de corto plazo, son las perspectivas a largo plazo”, explica desde su oficina en Las Condes.

“California me cambió la mirada del mundo, del tiempo, del sentido de la oportunidad, de las posibilidades, tolerancia al riesgo y valor por lo nuevo. Todas las cosas grandes que hice después se las debo a ese viaje”

Y aunque cree que la situación económica obligará a muchos emprendedores a salir del país, no deja de ser optimista.

“Vamos a tener una pérdida física de emprendedores, pero al mismo tiempo una ganancia para el país”, estima el fundador de Cumplo, plataforma que este año se expandió a México y que a inicios del próximo año abrirá oficinas en Texas.

Pensar en una contribución para Chile y para las empresas afectadas o destruidas en medio de la ola de violencia, es a lo que Shea dedica más tiempo en las últimas semanas.

“Desde el 18 de octubre, el 80% de mi tiempo lo invierto en ver cómo puedo ayudar al país a salir de esta situación”, asegura. Aunque la respuesta autoinmune de su organismo no demoró en llegar: “Estuve con psoriasis en el pelo, pero me eché un shampoo con sales del Mar Muerto y se me pasó”.

Entre medio, y con ayuda del G100 –grupo de emprendores que hace año y medio se juntaron con la idea de apoyar el emprendimiento–, se le ocurrió crear Chile a Fondo, un proyecto que entregará créditos de entre $ 1 millón y $ 10 millones a las pymes afectadas por la contingencia, con préstamos que tendrán una tasa de 0%, sin intereses. Los últimos días ha estado totalmente dedicado a ello, afinando la estrategia, revisando documentos, haciendo trámites, y en reuniones con posibles donantes.

Shea asegura que no habría podido quedarse de brazos cruzados esperando que Chile vuelva a “la normalidad”, porque sabe que esto “no va a terminar inmediatamente”

Shea dice que para hacer bien su trabajo, necesita tener memoria disponible. “Por eso es que a inicios de semana, mi agenda está como en dos tercios desocupada. Lo que pasó con el estallido es que gran parte del RAM que tenía disponible en mi rutina se intensificó. Pero al final, uno siempre tiene más memoria de la que pensaba”, cuenta sobre cómo sus rutinas laborales se han visto modificadas en el último mes.

Tanto Chile a Fondo como el resto de sus emprendimientos tienen el ADN de Silicon Valley. Por eso, no duda al decir que los dos años que vivió en California, mientras estudiaba un MBA en la Universidad de Stanford, es el viaje que más ha impactado en su vida.

“California me cambió la mirada del mundo, del tiempo, del sentido de la oportunidad, de las posibilidades, tolerancia al riesgo y valor por lo nuevo. Todas las cosas grandes que hice después se las debo a ese viaje. Chile a Fondo, por ejemplo, es en el buen sentido una copia de Kiva, una plataforma muy exitosa que también surgió allá. Tuve la suerte de conocer a su fundadora, sé cómo hacerlo, sé cómo son los contratos, sé cuál es la tecnología adecuada. Sé que esto va a funcionar”, cuenta entusiasmado.

“El tiempo pasa muy rápido (…) Mi hija cumplió 18 años en enero, salió del colegio la semana pasada y en verdad no sé en qué minuto pasó. Hice lo mejor que pude y ahora, con el país, también hago lo mejor que puedo, así que esta es mi contribución”

También dice que no le importa estar más ocupado con este proyecto adicional. Es más, asegura que no habría podido quedarse de brazos cruzados esperando que Chile vuelva a “la normalidad”, porque sabe que esto “no va a terminar inmediatamente”.

“Es cierto que el tiempo pasa muy rápido y que estamos todos metidos en tantas cosas en paralelo, que si me preguntas qué hice el año pasado quizás tenga que concentrarme demasiado para acordarme. Por ejemplo, mi hija cumplió 18 años en enero, salió del colegio la semana pasada y sonará cliché, pero en verdad no sé en qué minuto pasó. Hice lo mejor que pude y ahora, con el país, también hago lo mejor que puedo, así que esta es mi contribución”.