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Nicolás Goldstein / Presidente ejecutivo de Accenture Chile

Alcanzó a ir un día a su nuevo trabajo como presidente ejecutivo en Accenture Chile y se desató la pandemia. Pero Nicolás Goldstein cuenta esta anécdota con humor, porque ese único día de marzo marcó también el fin de los 11 meses libres que decidió tomar desde su salida como vicepresidente de Ventas de Latam.

“Fue una salida muy programada, con 10 meses de anticipación desde que avisé hasta que me fui, y en esa salida dije ‘no voy a trabajar, me voy a tomar un tiempo’. Y ese tiempo que me tomé, me dio grandes aprendizajes y me permitió ponerle otra perspectiva a lo que llevaba hasta ese momento”, cuenta hoy, en medio del teletrabajo que ha marcado la llegada a Accenture de este argentino radicado en Chile desde hace 12 años.

“Necesito tiempo de nuevo en algún momento para seguir haciendo lo que me gusta y para agregar más cosas”

Ese período de libertad, sin embargo, fue totalmente estructurado puesto que en los meses de preparación para su salida, analizó meticulosamente lo que quería y no quería hacer, y preparó una lista detallada de las cosas que disfruta -como tocar piano, ver películas, leer, escribir o correr maratones- y de aquellas que le gustaría hacer. Y con eso claro, delimitó en qué usaría el tiempo que tenía por delante.

“Se resignificó el tiempo porque decidí liberar mis 12 horas de trabajo e invertirlas en mis intereses actuales y en los que creía que podían ser intereses futuros”, cuenta.

Hizo cosas diversas, como aprender a preparar sushi o correr la Maratón de Berlín en septiembre pasado, pero reconoce que una de las que más disfrutó fue escribir sus pensamientos para sus hijos.

“Yo sé cómo piensa mi papá hoy, que tiene 81 años, sobre un montón de temas, pero no sé qué pensaba cuando tenía 45. Entonces, durante ese año escribí más de 180 temas: la muerte, los amigos, la familia, la comida, el deporte, las flores, el horizonte”, explica.

“Prefiero retirarme cinco años más tarde y esos cinco años que le agrego a la vida laboral ir tomándomelos en pequeñas cuotas de ahora hasta el retiro”

Su plan es entregarles ese cuaderno cuando tengan 45 años, para que entiendan cómo pensaba él al tener su misma edad. Y le gustaría también a él mismo, cuando tenga 65 o 70 años, tomar de nuevo esos pensamientos y hacerles anotaciones con sus ideas de ese momento, y volverlos a entregar a Olivia y Bernardo, quienes hoy tienen 14 y 12 años, respectivamente.

Explicarles los alcances de ese tiempo libre que se tomó, fue una de las tareas importantes. Junto a su esposa, que lo apoyó completamente en la idea, conversaron con sus niños varias veces para contarles lo que estaba pasando y que entendieran que “no era algo normal, que no es un lujo que todo el mundo se puede dar en cualquier momento”.

Ahora, al mirar hacia esos meses y hablar de aprendizajes, el principal está muy claro para él. “Prefiero retirarme cinco años más tarde y ese lustro que le agrego a la vida laboral, ir tomándolo en pequeñas cuotas de ahora hasta el retiro”, detalla.

“Decidí liberar mis 12 horas de trabajo e invertirlas en mis intereses actuales y en los que creía que podían ser intereses futuros”

Para eso, dice, es clave diseñar el trabajo para ejecutarlo a conciencia durante varios años, pero cada cinco o siete, parar y tomar entre 6 y 12 meses libres. Y es que reconoce que las cosas que se pueden hacer a los 45 o 55 años son diferentes a las que es posible abordar a los 65. “Acumular y esperar a retirarte a los 65 para empezar a tener tiempo para ti, es una torpeza. Prefiero tomarme el tiempo desde ahora, porque tampoco nadie sabe si va a llegar a esa edad”.

Otra de las claves para lograrlo es ahorrar, dice, ya que mientras otras personas lo hacen para comprar autos, tener vacaciones o construir una casa en la playa, ejemplifica, en su caso el ahorro tiene el objetivo de cubrir esos meses no productivos económicamente, “pero súper productivos para mis intereses personales”. Es algo que recomienda hacer, pese a que también hay un alto grado de incertidumbre sobre la facilidad que tendrá luego para reinsertarse en el mundo laboral.

Pese a eso, le habría gustado extender unos meses más ese tiempo libre. Sin embargo, un amigo headhunter le recomendó, temiendo un rebrote del estallido social en marzo, adelantar su regreso al trabajo, sugerencia que siguió y que le permitió comenzar a liderar al equipo local de Accenture, justo al inicio de la pandemia.

Ahora su jornada comienza a las ocho de la mañana con una videoconferencia y se extiende de forma casi ininterrumpida hasta las siete y media de la tarde. Sólo hace una pausa para almorzar, pero hay una particularidad en su rutina: participa en dos reuniones de una hora, por lo menos, caminando por el condominio donde vive, en Lo Barnechea. Con eso, logra recorrer entre 14 y 15 kilómetros diarios, para no perder el ritmo de ir al gimnasio y a maratones, pasatiempo que tiene desde hace más de dos décadas y que es la segundo que más extraña por la cuarentena. De hecho, para este año estaba inscrito en las maratones de Boston -que se canceló- y Chicago.

“Si me das a elegir entre un aumento de sueldo o una semana más de vacaciones, me voy por la semana de vacaciones, definitivamente”

La primera, sin duda, es visitar a sus padres que viven en Buenos Aires, a quienes no ve desde febrero. “Una de las cosas de las que me di cuenta en el tiempo que estuve descansando, es que es importante acompañar a mis papás en esta edad”, cuenta. El nuevo trabajo tiene mucha colaboración con Argentina, lo que le permitiría ir cuatro o cinco veces a ese país y visitarlos. “Tenía todo un plan para estar con ellos, que hoy no lo puedo cumplir”, lamenta.

Y es que el tiempo, cuando estás ocupado, se convierte en un valor escaso, dice. Incluso con su lista de cosas por hacer y con una frecuencia determinada para desarrollarlas en los 11 meses que tuvo disponibles, se hizo poco y alcanzó a recorrer el 65% del listado. “¡Con once meses libres!”, enfatiza.

“Necesito tiempo de nuevo en algún momento para seguir haciendo lo que me gusta y para agregar más cosas”, asegura. “Por eso, hoy el tiempo es lo más valioso que me pueden dar. Y si me das a elegir entre un aumento de sueldo o una semana más de vacaciones, me voy por la semana de vacaciones, definitivamente”.