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Mariana de Pablo, directora ejecutiva de Accenture en Chile, Argentina, Colombia y Perú: “Cuando se tiene un nivel de responsabilidad muy alto, el valor del tiempo lo tiene que dar uno”
La pandemia vino a cambiar varias cosas en la vida de esta ejecutiva argentina y en su mirada sobre el tiempo y la importancia de la cercanía con su familia. Por eso, luego de décadas liderando proyectos y viajando por toda la región, decidió dejar la empresa donde trabajó por más de 20 años y aceptar nuevos desafíos para radicarse definitivamente en Chile.

“Yo tengo una vida un poco diferente. Estoy casada hace 15 años y no tengo hijos, lo cual me permite ir más liviana por la vida. Soy argentina de origen, pero viví más tiempo fuera que dentro de Argentina”, cuenta Mariana de Pablo, directora ejecutiva de Accenture en Chile, Argentina, Colombia y Perú. Su carrera trabajando en empresas de servicios tecnológicos la llevó a vivir en distintos países de Latinoamérica y Europa, pero hace poco la decisión fue hacer un cambio y acercarse a sus raíces.

La pandemia la encontró en Perú, un mercado en el que estuvo por tres años liderando proyectos de alcance regional. La cuarentena, que en ese país fue muy prolongada, y también el cierre de las fronteras le pasaron la cuenta, porque sus cinco hermanos y sus sobrinos vivían lejos de ella, en Argentina y Chile, y no pudo verlos por largo tiempo.

“Me di cuenta de que la vida profesional es importante, pero también lo es poder ocupar el tiempo con la gente importante, como mis sobrinos”.

“Me di cuenta de que la vida profesional es importante, pero también lo es poder ocupar el tiempo con la gente importante, como mis sobrinos. Entonces ahí empecé a replantear mi vida en Perú, porque allá era mucho mi marido y mi vida profesional. En ese momento decidí hacer un vuelco, hacer un cambio y venirme a vivir a Chile”, cuenta. “Creo que uno tiene que ser un balance entre lo profesional y lo personal, lo que a uno le hace bien desde el punto de vista de salud”.

En su trabajo le ofrecieron irse a Brasil o a Argentina. Para poder mudarse a Chile, debía esperar dos años. “Eso era mucho tiempo”, explica, sobre todo porque ya se había perdido momentos importantes de la vida de sus sobrinos, que hoy tienen entre 8 y 13 años. No quería seguir lejos, así que luego de 22 años, decidió dejar la compañía.

“La pandemia me mostró que yo necesitaba mis tiempos, pero también a mi familia, que es importante vivir donde tengas raíces de alguna forma”.

“Lo más fácil habría sido irme a un proyecto regional en una empresa donde ya tenía prestigio, tenía un nombre, tenía una trayectoria, no tenía que rendir examen”, analiza. “La pandemia me mostró que yo necesitaba mis tiempos, pero también a mi familia, que es importante vivir donde tengas raíces de alguna forma”. Y otra cosa más: que ella es artífice de su propio destino.

Ahora, aunque está a cargo de las operaciones en cuatro países de la región, su base de operaciones está en Chile. Su marido también pudo trasladarse desde Perú y el objetivo de compartir momentos con sus sobrinos es parte de su rutina diaria. “Si Dios no te da hijos, el diablo te da sobrinos”, asegura.

“Siempre le digo a todo el mundo que aprovechen el tiempo en que están bien para hacer ese turismo que no es tan convencional porque cuando seas muy grande no vas a tener la fuerza ni las ganas para caminar, para hacer trekking, para ver otro tipo de realidades”.

Tiempo para todo

Su rutina incluye ir a la oficina dos veces por semana, mientras que el resto es a distancia. Esos dos días prefiere ir caminando, aunque lo que más le gusta es correr, una pasión que por razones médicas, por ahora, está pausada.

Otra cosa que disfruta es la cercanía con la naturaleza y conocer lugares en lo que ella llama turismo no convencional. “Desde muy pequeña, era líder scout. Creo que tenemos que dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos. En vacaciones, por ejemplo, me fui a la selva a entender cómo es el mundo de la selva peruana, entonces fui a estar con monos, serpientes y animales”, cuenta.

Entre otros destinos, ha estado en Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. También le gusta mucho conocer los paisajes de Latinoamérica, y ya está planificando otro viaje a la selva, pero esta vez desde el lado brasileño, y también al sur de Chile.

“Tiempo para ir a pasear por París siempre hay, pero tiempo para recorrer este tipo de lugares no, porque necesitas estar bien físicamente”, recalca. “Siempre le digo a todo el mundo que aprovechen el tiempo en que están bien para hacer ese turismo que no es tan convencional, porque cuando seas muy grande no vas a tener la fuerza ni las ganas para caminar, para hacer trekking, para ver otro tipo de realidades. Eso es algo que a mí me da mucho placer”.

Y es que, pese a su gusto por la naturaleza, siempre ha vivido en la ciudad. Su primer cargo regional lo obtuvo en 2009 y, desde entonces ha tenido puestos de alta demanda y responsabilidad. “Cuando uno tiene un nivel de responsabilidad muy alto, el valor del tiempo lo tiene que dar uno y es uno quien tiene que empezar a poner los frenos”, advierte. Un punto que, además, considera clave para trabajar con los más jóvenes, cuya visión del tiempo es muy distinta a la de las generaciones anteriores.

“Si tú a los jóvenes les muestras que no puedes hacer la gestión de tu tiempo, no se van a ver identificados con una carrera en tu compañía”.

Ahora el paradigma es otro, dice: “Las nuevas generaciones tienen una forma de abordar a las compañías que está más orientada al propósito de la compañía, a tener un enganche más por el lado humano y por ser truly human, como se dice acá en Accenture”. Por eso, mientras las empresas enfrentan la falta de talentos en casi todos los ámbitos, entender esta visión es fundamental. “Si tú a los jóvenes les muestras que no puedes hacer la gestión de tu tiempo, no se van a ver identificados con una carrera en tu compañía”, concluye.