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María Fernanda Valdés / Campeona mundial de halterofilia

En las faldas de un cerro, en Las Vizcachas, está la casa de María Fernanda Valdés. Y al entrar, llaman la atención los recuerditos de distintas partes del mundo y la cantidad de medallas colgadas en un rincón. Medallista en levantamiento de pesas, nos recibe en calzas, casaca deportiva y zapatillas, pues nunca deja el deporte. Por la escalera bajan corriendo sus dos perritas de pelaje blanco y liso, Almendra y Luna, y Valdés se sienta en su sillón para conversar.

Las pesas le abrieron todo tipo de oportunidades, como conocer el mundo, confiesa. Vivió en Brasil un año, ha conocido distintos países de Latinoamérica y ha competido en varios lugares del globo. “Cuando viajas y conoces otras culturas, te das cuenta que el mundo no es lo que te cuentan”, reflexiona.

Las pesas, además, le permitieron conocer a quien será su marido en noviembre, tras 10 años de relación. “En el gimnasio, somos profesor y alumna. Yo lo molesto y le digo ‘hola profe’, pero si nos ve alguien que no nos conoce, no pensaría que somos pareja porque soy muy estricta en separar la relación personal del entrenamiento”.

Con sus ojos verdes, mira por la ventana y recuerda cómo llegó a la halterofilia. “Fue de casualidad”, afirma. Comenzaban las vacaciones de invierno, cuando su padre la inscribió en un gimnasio para que no estuviera todo el día acostada en su casa. Pero ella, un poco aburrida de las rutinas normales, se iba al sector de las pesas, donde la vio un entrenador y al notar que tenía habilidades, le comenzó a enseñar. Desde ese día se dedicó al deporte.

“No soy como otros deportistas, me cuesta ‘creerme el cuento’. Soy atípica, demasiado tajante a veces”

Reconoce que al principio lo tomó como un hobby, pero luego le fue dedicando más y más tiempo: “Soy súper estricta” repite. Sin embargo, no cree que haya renunciado a algo por estar ahí pues se compromete a fondo con todo lo que emprende. “Las cosas que hago siempre son importantes, por tanto les dedico el tiempo y el valor que se necesite para realizarlas”, dice segura.

Y con esa rigurosidad asumió la práctica del levantamiento de pesas, llegando a ganar el Premio Nacional del Deporte 2017 mientras estaba en Colombia, entrenando para un torneo. Un año que la consagró como campeona del mundo en la categoría de 90 kilos en el Mundial de Halterofilia realizado en Anaheim, Estados Unidos: obtuvo medalla de oro en envión, con un levantamiento de 146 kilos, mientras que tras alcanzar 109 kilos en arranque llegó a un total olímpico de 255 kilos, ganando medalla de plata.

“Las cosas que hago siempre son importantes, por tanto les dedico el tiempo y el valor que se necesite para realizarlas”

Su vida es bastante estructurada y organiza su jornada por horarios. Cuando despierta en la mañana, se da unos minutos hasta que sus perras empiezan a insistir para que se levante. Desayuna y junto a su pareja, van a entrenar al Centro de Entrenamiento Olímpico en Ñuñoa.

En la mañana entrena y hace los ejercicios que le corresponden, almuerza a las 12:00 en el mismo lugar y a eso de las 13:00, se va a su casa a dormir una siesta. “Si no, no entreno bien. Necesito descansar”, explica. Y es que con el desgaste físico al que está sometida día a día, las horas de descanso son tan importantes como el tiempo que dedica al entrenamiento. En la tarde, retorna al gimnasio.

Sobre el futuro, Valdés dice “primero medalla olímpica, y después las guaguas. ¡Imagínate! Si estas dos (sus perritas) ya me vuelven loca, cómo será con un hijo”, comenta, y explica que, de quedar embarazada, su entrenamiento se frenaría por un par de meses y luego la recuperación le tomaría otro tanto. Por eso, su próximo objetivo está puesto en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

“Primero medalla olímpica, y después pensar en guaguas”

Para ello, ha debido mejorar su técnica, fortalecerse y seguir avanzando, pero también aprender a superar barreras que están en su mente.

“No soy como otros deportistas, me cuesta ‘creerme el cuento’. Cuando a los demás les ponen medallas, se las dejan puestas pero yo no, me la saco. Soy atípica, demasiado tajante a veces. No voy con rodeos, las cosas son o no son”, dice.

En su tiempo libre, le gusta bordar. Hace un tiempo, su hermana estuvo hospitalizada y para que se entretuviera, le llevaron bordados. Valdés le pidió que le enseñara y resultó que eso la relaja. Tanto así, que lleva sus bordados a las competencias y así, antes de los pesajes y fases técnicas, ella borda.

“¿Cuánto tiempo te queda en esta carrera?”. “Según la casa, me quedan 25 años”, responde riendo. Pero la verdad es que cree que, fácilmente, le restan unos ocho o 10 años. Luego de eso, cree que se dedicará a las empresas de su familia, o a algún negocio propio… Hay tiempo todavía para pensarlo.