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Isabel Aninat / Directora de la Galería de Arte Aninat

Siempre llegaba tarde al colegio porque su espíritu curioso y pensador la hacía vagar por las calles antes de llegar a clases. Le gustaba tener ese tiempo para ella misma y pensar. Hoy, Isabel Aninat recuerda ese parte de su infancia con nostalgia: “Cuando era pequeña lo hacía mucho. Y me gustaría volver a repetirlo como entonces, vagar sola, con mis pensamientos, con el tiempo absolutamente retenido y sin ningún ‘tengo qué”.

Con más de 30 años de carrera como galerista de arte, analiza que trabajar en este rubro toma tiempo y sacrificio. Está constantemente en reuniones con artistas, compradores, coleccionistas y, además, debe estar a la vanguardia del mundo artístico.

“La galería tiene demasiados estímulos y eso me provoca ansiedad porque quiero estar en todo. Necesito un minuto de paz para estar conmigo misma”

Si bien dice que le apasiona lo que hace, reconoce que no ha sido una tarea fácil. Tanto así que hay veces en que le gustaría poder darse un tiempo para hacer otras cosas.

“Necesito tranquilidad. La galería tiene demasiados estímulos, tanto visuales como emocionales, y eso me provoca ansiedad porque quiero estar en todo. Necesito un minuto de paz para estar conmigo misma”, explica.

Añade que ha dejado de hacer “muchas cosas” por impulsar su carrera como galerista. En un principio, por ejemplo, le hubiera gustado escribir un libro y tener tiempo para estudiar más o impulsar proyectos sociales.

“Me hubiera gustado dedicar tiempo a personas con problemas psicológicos, y mostrarles una ‘salida’ a través del arte; ir a lugares problemáticos, como las cárceles, por ejemplo”, dice, admitiendo que efectivamente podría hacerlo, pero no con la profundidad que a ella le gustaría, ya que siente “una responsabilidad tremenda en la galería, donde de repente me dan ganas de decir adiós, porque me cuesta”.

“Me hubiera gustado dedicar tiempo a personas con problemas psicológicos, y mostrarles una ‘salida’ a través del arte”

La sensibilidad social la ha acompañado desde siempre en su vida y constantemente está leyendo al respecto. Junto con otras cosas, por supuesto. En la mañana, junto a su desayuno, no puede faltar la lectura y en la noche llega a su casa directamente a sumergirse en las páginas de un libro. “Para mí el tiempo es conocimiento, por eso siempre estoy leyendo algo. Me gustan mucho las crónicas y los ensayos filosóficos”, comenta.

Aninat, quien también preside la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo, estudió Filosofía en la Universidad Católica y luego Estética, aunque su primer objetivo era dedicarse a la literatura, algo de lo se fue alejando de a poco. Y en esta época, cuando estaba sacando sus dos carreras adelante, ya tenía su familiar armada: estaba casada y con dos niños.

“Para mí el tiempo es conocimiento, por eso siempre estoy leyendo algo. Me gustan mucho las crónicas y los ensayos filosóficos”

“Hice toda mi carrera con mis hijos chicos. Me los llevaba a la universidad y todos los cuidaban. Cuando hice clases de apreciación del arte y arte contemporáneo, la Javiera estaba conmigo cuando corregía las pruebas. Creo que a los niños les hace muy bien que las madres trabajen, les agranda el mundo”, plantea.

Hoy, compartir con sus seis nietos es parte del disfrute que tiene en su tiempo libre, junto con ir a Quintay a jugar golf. “Ahora le dedico poco tiempo, pero me gusta ir a jugar sola. La gente lo puede encontrar raro, pero disfruto de eso y del contacto con la naturaleza”, explica, al tiempo que hace un repaso por su carrera, que ha sido muy exitosa.

“A los niños les hace muy bien que las madres trabajen, les agranda el mundo”

Aninat fue la primera y única chilena invitada a participar de Art Basel, la exposición de arte más importante desarrollada en Suiza. Un viaje fundamental, aunque a nivel profesional, dice. Por lo que prefiere destacar y explayarse de otro que hizo con su padre a Europa, cuando tenía 18 años: “En París me llevó al Museo del Louvre, me ponía al centro de una sala y me decía: ‘¿quién te llama?’. Nos acercábamos al cuadro que me producía algo, lo mirábamos y nos íbamos. Al final, estábamos un rato no más en el museo y no largas horas, lo que hacía que no fuera pesado ir. La profundidad del ver y observar es súper importante”.

Toda esta base filosófica, sus lecturas, su estilo de vida, hoy la hacen reflexionar respecto a, por ejemplo, la idea de la muerte. “Siempre hay que pensar que vamos a vivir muy poco tiempo, que la muerte está ahí. No asumirlo me parece una pérdida de tiempo”, comenta.

“Me gustaría aprovechar mi tiempo para compartir con mi nieta Alicia, que tiene un mundo demasiado rico. Eso es algo que no dejaría de hacer antes de irme de este mundo”

A ella no le da miedo morir. Por el contrario, la hace pensar qué va a pasar después y lo que no le gustaría dejar de hacer hoy, como dedicarle más tiempo a su nieta con síndrome de Down, Alicia. “Me gustaría aprovechar mi tiempo para compartir con ella. Alicia tiene un mundo demasiado rico y hay que darse el tiempo para entenderlo y relacionarse en profundidad. Eso es algo que no dejaría de hacer antes de irme de este mundo”, afirma.