11

Fernanda Vicente / Presidenta ejecutiva de Red de Mujeres del Pacífico

Hay días en que las horas le faltan a Fernanda Vicente, pues sus múltiples responsabilidades requieren de toda su dedicación.

Sólo por nombrar algunos de sus cargos, es presidenta ejecutiva de Red de Mujeres del Pacífico, directora de Kodea y también hace clases de innovación en las universidades Católica y Finis Terrae. Sin embargo, y pese a su recargada agenda, llega puntualmente a las 10 de la mañana a esta entrevista en Casa&Co, lugar que aloja a múltiples emprendedores en un espacio de cowork.

“Trato siempre de ser súper puntual, por respeto al tiempo de la otra persona y también para hacer más eficiente el mío”, explica.

Al entrar en la antigua casona ubicada en el sector oriente de Santiago, las personas que en ese momento estaban en el lugar, se acercan para saludarla, le piden consejos y le sonríen. Ella saluda a todos y luego pasa a la sala de reuniones que tenía reservada. “Listo”, dice.

“Después de las cinco de la tarde, viene un tiempo que dedico a la familia. Muchas veces no funciona, pero trato de apegarme a eso”

Ante las preguntas que la hacen reflexionar acerca del tiempo, se le hace inevitable pensar en cómo se las ingenia para poder cumplir con todos sus compromisos, y comenta que realmente “es un desafío porque es como un puzzle. No obstante, mi mundo es súper entretenido porque en el día estoy en distintos lugares al mismo tiempo”, dice, haciendo énfasis en que esa es una oportunidad que tiene gracias a la tecnología.

Y es que para ser capaz de cumplir con todo, mantiene un calendario digital de todas sus actividades de la semana, aclarando, eso sí, que “después de las cinco de la tarde, viene un tiempo que dedico a la familia. Muchas veces no funciona, pero trato de apegarme a eso”, sostiene, reconociendo que, en un principio, no era tan organizada con su agenda.

“Durante un largo período, andaba corriendo todo el día y al final no estaba en ninguna parte, lo que me provocaba mucho estrés. Por eso, ahora prefiero estar acá contigo y cuando salga, me preocuparé de la otra persona”, admite.

“Tengo una cierta obsesión con estar haciendo cosas (…) pero hay muchos ámbitos que hoy requieren de mi presencia, así que no lo puedo hacer”

Se reconoce como proactiva e inquieta, pero igualmente todas las mañanas se da algunos minutos para meditar y cuando puede, hace trekking con su marido. “Es algo que realizo por un tema de autocuidado y de salud, más allá de que es entretenido y una instancia para conversar de lo humano y lo divino. Las conversaciones que se dan en el camino son muy espontáneas y es lo que más me gusta”, comenta.

Al pensar qué le gustaría hacer si tuviera más tiempo, lo primero que se le viene a la mente es “poder crear más cosas”, añadiendo que “tengo una cierta obsesión con estar haciendo cosas. A veces, por ejemplo, veo unos magíster increíbles y me iría feliz a estudiar. Me encantaría también ser candidata en el proceso constituyente, pero tengo tantas cosas que hoy requieren de mi presencia, que no lo puedo hacer”.

“De mi infancia extraño las vacaciones eternas y todo ese tiempo libre disponible que uno tenía (…) esa sensación de estar en un ambiente cuidado y en familia”

Aunque tiene ganas de querer abarcarlo todo, a veces siente la necesidad de parar, “de tener cero responsabilidad”, reconoce. Como en su infancia en el campo, en Coelemu, Región del Ñuble, cuando la vida que lleva hoy estaba muy lejana. “Tuve una linda infancia en ese lugar y guardo grandes recuerdos, como lavarme el pelo en el río, lo que sería un pecado mortal en estos días por el medio ambiente”, cuenta riendo.

Dentro de las cosas que extraña de esa época están las “vacaciones eternas y todo ese tiempo libre disponible que uno tenía y que empleaba, por ejemplo, en bailar con mis primas. Esa sensación de estar en un ambiente cuidado y en familia”, explica.

“(En Australia) me di cuenta que se puede vivir más conectado con uno mismo y con las cosas que de verdad importan en la vida”

También se acuerda de cuando tenía cerca de 20 años y viajó a Australia con su marido, donde trabajaba moviendo cajas en una bodega. “La vida que tuvimos en Australia nos demostró una forma de vivir diferente y que se puede tener calidad de vida viviendo en ciudad”, comenta.

Una suerte de “declaración de principios” que se trajo a Santiago cuando ambos regresaron. “Me di cuenta que se puede vivir más conectado con uno mismo y con las cosas que de verdad importan en la vida”, aclara.