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Fernanda Hurtado / Gerente general de AEF

Luego de preparar a sus dos hijas, de 12 y 10 años, para llevarlas al colegio, la gerente general de la Asociación de Empresas Familiares, Fernanda Hurtado, se va rápidamente a su oficina, donde intenta llegar antes de las 8:00 de la mañana para evitar el tráfico usual de la mañana. No siempre es así, sin embargo, ya que el trabajo en el gremio que dirige hace cuatro años es bastante flexible e involucra muchas reuniones fuera. “Nuestra interacción con los socios se da, generalmente, en instancias externas a la oficina, por lo que me toca salir bastante. Probablemente hoy, por ejemplo, no esté ningún minuto ahí”, explica.

Muchas veces, por la carga laboral, no alcanza a almorzar. Si la jornada se lo permite, va a buscar a sus hijas al colegio y recién en su casa, donde llega pasadas las 16:00 hrs., puede comer algo. En ese escenario agitado, para Hurtado la disponibilidad de tiempo se traduce en saber manejarlo.

“Tiempo hay, quizás falta la energía o las ganas de usarlo más eficientemente. En ese sentido, me encantaría ser más organizada y aprovechar los espacios libres que tengo”, reconoce, y admite que lo primero que haría es ordenar la “infinidad” de carpetas y papeles que tiene distribuidos entre su casa y la oficina, junto con retomar las clases de baile que dejó hace un tiempo. “Era la más descoordinada, por lejos, pero lo pasaba bien y me reía toda la clase”, cuenta.

Para el golf, eso sí, se da el tiempo de jugar al menos dos veces al mes en la Hacienda Chicureo, donde es socia. Pese a que por la edad de sus hijas no lo practica todo lo que quisiera, es una de sus grandes pasiones –que comparte con su marido–, un deporte que la conecta con sus raíces familiares y la remonta a la época en que lo practicaba con sus padres, siendo niña. “En esos años, día libre era sinónimo de golf”, recuerda.

 

“Estar en el campo y tener la libertad de poder hacer otras cosas, es un buen recuerdo que tengo de mi infancia”

 

Como un juego se puede extender por unas cuatro a cinco horas, se convierte finalmente en un espacio para conversar, relajarse y “resolver el mundo” con sus amigas golfistas. “Este deporte te permite una desconexión total con el resto del mundo, es como un oasis dentro de la ciudad. Me relaja y me permite tener un espacio fuera de la rutina”, dice.

La reflexión en torno al tiempo, llevan a Hurtado a recordar su infancia y juventud que pasó entre Santiago y Chimbarongo, donde vivía su abuela en una gran casa, con corredores antiguos y un potrero donde podía jugar y alcanzar esa “libertad” que considera se ha ido perdiendo con los años.

“En mi infancia, día libre era sinónimo de golf, un deporte que permite una desconexión total con el resto del mundo”

En el campo no había televisión, por lo que las horas las pasaba bordando, tejiendo o descubriendo lo que a la larga sería otra de sus grandes pasiones: la lectura. “Mi abuela tenía una biblioteca gigante, repleta de libros con empastes antiguos y con ese olor típico de libro antiguo”, comenta. Así, gran parte del verano la pasaba deleitándose con las historias del Señor de los Anillos, Eragon o los cuentos de los hermanos Grimm, “un libro con hojas muy finas, que se traslucían, y que seguramente demoré todo el verano en leer. Ese es un buen recuerdo que tengo de mi infancia: estar en el campo y tener libertad de poder hacer otras cosas”.

“Tengo pendiente hacer un viaje con mis hijas a París, una ciudad donde, de todas maneras, me tomaría el tiempo para disfrutarla con calma”

Su amor por la lectura despertó en ella su lado humanista que la llevó a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Católica, en donde tuvo la oportunidad de hacer  un viaje a la Universidad de Oxford para asistir a un programa sobre Política Latinoamericana cuando estaba en la mitad de la carrera.

“Estar ahí me abrió todo un mundo que no conocía. Compartir con estudiantes ingleses y poder experimentar la vida universitaria de ese lugar, ha sido unas de las vivencias y viajes que más me ha marcado”, dice. Hasta el momento, porque acota que hay un viaje que tiene pendiente y que es llevar a sus hijas a París, “una ciudad donde se combinan cultura, arquitectura, tradición y belleza, y donde, de todas maneras, me tomaría el tiempo para disfrutarlo con calma”.