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Cristián Boetsch / Socio de Ortúzar, Vergara & Boetsch

El pasado 18 de octubre, Cristián Boetsch estaba dando clases a sus alumnos de derecho de la Universidad Católica. Cuando finalizó la cátedra, se encontró con gente escapando del carro lanza gases de Carabineros, que dispersaba a muchos de los manifestantes que se encontraban en ese momento protestando en la Alameda, en el inicio de las movilizaciones sociales del último mes.

Ese día, llegar a su casa desde la Casa Central de la UC, le tomó cerca de tres horas. Y desde entonces, de a poco ha ido retomado su rutina, aunque aún no se reanudan las clases en la facultad, donde es docente de Derecho Civil. Junto con ello, el abogado UC imparte clases en la Academia Judicial y en el Instituto de Estudios Judiciales, junto con ser socio del estudio Ortúzar, Vergara & Boetsch, y participar activamente en el Colegio de Abogados.

“El tiempo es limitado y hay que saber administrarlo. En general, trato de ser eficiente en las distintas cosas que hago en el ámbito profesional y personal”, explica.

En ese sentido y, pese a su alta carga laboral, Boetsch organiza su agenda para compatibilizar su vida personal y laboral, y así poder pasar tiempo con sus tres hijos y su señora.

“Eso tiene cosas buenas y malas. Es bueno porque aprovecho cada minuto del día, y lo malo es que si me sacan de mi estructura, se me desmorona un poco la cosa. Pero hay que sacarle provecho a la familia, así que trato de compartir con ellos lo que más puedo. Si hay que ceder algo, es el sueño”, reconoce.

“El tiempo es limitado y hay que saber administrarlo. En general, trato de ser eficiente en las distintas cosas que hago en el ámbito profesional y personal”

Todos los días se levanta cerca de las seis de la mañana para preparar a sus hijos y llevarlos al colegio. Luego de eso, si tiene tiempo pasa al gimnasio para llegar a la oficina a las 9:30. Una vez ahí, se pone directo a trabajar y asiste a las reuniones que sean más necesarias. Cuando llega a su casa, comparte con la familia y, principalmente, descansa.

“Un día normal en la noche, con mi señora nos ponemos a ver alguna serie por televisión. Soy bien cinéfilo, tengo todas las plataformas: Amazon Prime, Netflix y HBO GO”, cuenta.

El cine es uno de los tantos hobbies de Boetsch, aunque admite que no ha podido dedicarle todo el tiempo que le gustaría, principalmente porque se le hace difícil poder ir a ver las películas que él disfruta, con sus tres niños. “Veo películas en mi casa. La última vez que fui al cine, vimos una de monitos animados en familia”, dice riendo.

“Hay que sacarle provecho a la familia, así que trato de compartir con ellos lo que más puedo”

Tanta es su fascinación por el cine que incluso pensó estudiar algo relacionado. No se dio ese anhelo, pero ha ido saciando ese gusto a través de libros, documentales y podcast relacionados.

También disfruta mucho la música, con los Beatles a la cabeza y, en general, toda la música de los 70’, aunque su gusto es tan transversal que disfruta desde Daft Punk hasta Lady Gaga. Sabe tocar guitarra, que aprendió a tocar con su papá y su hermano mayor. E incluso, cuando estudiaba Derecho, algunas veces tocó para actividades que organizaba la facultad.

“Ahora me pasa que he tenido que cambiar mi repertorio porque le canto a mis hijos, y ellos siempre me piden canciones de los personajes que ven en televisión, como Paw Patrol”, cuenta riendo.

“Extraño los veranos eternos y la posibilidad de agendar un viaje de un mes entero”

De su paso por la universidad recuerda los buenos momentos que compartió con sus amigos, la semana de la universidad, cuando tocaba con un grupo musical, y sus largos apuntes de clases. “La verdad, yo era muy ñoño”, bromea, “siempre me dediqué más al estudio porque me gustaba mucho. Iba a todas las clases sin falta porque quería estudiar de mis apuntes. Después me di cuenta que a todos le gustaban estudiar de los míos”.

Algo que echa de menos de esa época es la posibilidad de tener todo el tiempo a su disposición. “Extraño los veranos eternos y la posibilidad de agendar un viaje de un mes entero”, dice, y añade que uno de los viajes que más recuerda es uno a Moscú, cuando fue con su familia en 1996. “Nunca me voy a olvidar que habían muy poco restaurantes de cadena internacional, el único era Pizza Hut y el mesero atendía de chaqueta y corbata”, rememora.

También destaca cuando pudo ir con su señora a Londres. “Fue como una segunda luna de miel. Me gusta ese viaje porque lo organicé con mucha anticipación para aprovechar el tiempo. Tenía armado un itinerario que incluía hasta los descansos”, acota.

En la actualidad, está buscando un lugar dentro de Chile para tener donde ir de vacaciones y que sus hijos recuerden como parte de su infancia. “Uno siempre quiere tener más tiempo para estar con los niños (…) trato de darle mucha prioridad a mi tiempo familiar, pero uno siempre encuentra que le falta”, dice.