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Alan Meyer / Director general de Mercado Libre Chile

Por lo general, Alan Meyer llega todos los días a las 10 de la mañana a la oficina de Mercado Libre ubicada en Avenida Apoquindo. Pero el día de esta entrevista, no era igual a los otros pues se aproximaba el Cyber Day y el gigante del e-commerce latinoamericano, se preparaba para las maratónicas tres jornadas que le esperaban la semana siguiente.

Por la misma razón, Meyer debió reagendar esta entrevista dos veces e, incluso, llegó unos minutos tarde a la cita porque se encontraba en un canal de televisión dando una entrevista sobre el Cyber Day.

“Casi el 80% de mi tiempo en la oficina, estoy en reuniones para llevar el pulso a las distintas áreas de negocios”

Un día normal en la oficina, el director general Mercado Libre Chile, de tan sólo 32 años, se pasa de reunión en reunión para saber cómo están funcionando todas las aristas del negocio. “Casi el 80% de mi tiempo en la oficina, estoy en reuniones con líderes de todos los equipos para llevar el pulso y seguimiento a las distintas áreas de negocios”, detalla.

Y aunque en general se va tarde del trabajo, los minutos restantes del día le alcanzan para darse una vuelta por el gimnasio, juntarse con sus amigos o leer. “Como no me queda tiempo para informarme en detalle sobre el devenir internacional, dedico un par de horas diarias a estudiar y a leer las tendencias de lo que está pasando con las empresas afuera”, explica, acotando que este tipo de lectura, si bien pueda significar seguir trabajando, lo entretiene y le gusta, por lo que es un momento de relajo para él.

“Dedico un par de horas diarias a estudiar y a leer las tendencias de lo que está pasando con las empresas afuera”

Y es que leer y escribir son dos de sus pasiones poco conocidas. Tanto así, que cuando tenía 19 años evaluó dedicarse a la literatura, en vez de la ingeniería. “Pensé que iba a ser escritor, e incluso hice una novela que nunca se publicó. Ahora en mi tiempo libre me gusta escribir sobre temas personales, o  a veces respecto a cosas más ligadas a la literatura”, confiesa.

Su gusto por las humanidades también lo ha llevado a aprender idiomas, y hoy habla fluidamente inglés y hebreo, aunque considera que no es suficiente. “Si tuviera más tiempo, me encantaría aprender más idiomas y viajar por el mundo, es la mejor inversión que uno puede hacer”.

“Pensé que iba a ser escritor, e incluso hice una novela que nunca se publicó. Ahora en mi tiempo libre me gusta escribir”

Su alto cargo en Mercado Libre hace que tenga el privilegio de estar constantemente viajando, especialmente a Estados Unidos y Argentina. “Me ha tocado ir mucho a Buenos Aires, debo llevar 70 viajes en total, tal vez acumulando más de seis meses sólo por viajes de trabajo. Es una ciudad que siento como mi casa, pese a que nunca he vivido ahí”, cuenta.

Sin embargo, cuando reflexiona sobre la travesía personal más importante que ha podido realizar, recuerda su viaje de estudios que hizo por Polonia e Israel cuando tenía 17 años. Su vida ha estado ligada a esos lugares, ya que sus abuelos escaparon de la persecución nazi en 1945, por lo que visitar esos países tuvo un impacto mayor y especial para él.

“Es muy fuerte ver lo que hay ahí. Quienes no han tenido la oportunidad, quizás no pueden llegar a imaginarlo. Hay campos de exterminio que están intactos. Ese ha sido, por lejos, el viaje más impactante que he tenido”, reflexiona.

En este aspecto, una de las cosas que admira de los israelíes, es el aprecio que tienen por lo que han logrado y por la fugacidad de la vida. “Entienden que la vida se puede acabar mañana, porque les puede tocar defender una guerra o pueden tener un accidente por un ataque terrorista. Son conscientes de cuestionar, día a día, si vale la pena lo que están haciendo (…) En una primera impresión, la gente puede decir que son duros, pero no, ellos no tienen tiempo para perder”, comenta.

“Me hubiera encantado hacer un intercambio, pero en el momento quizás me asustó no tener a la gente que más quiero cerca de mí. Todavía lo podría hacer, pero hoy eso tiene otros costos”

A su juicio, una manera de ver y enfrentar la vida muy diferente a la idiosincrasia nacional pues el chileno “normalmente está postergando las cosas”. Algo que igual reconoce que también ha hecho.

“Me hubiera encantado hacer un intercambio, pero en el momento quizás me asustó no tener a la gente que más quiero cerca de mí. Todavía lo podría hacer, pero no es lo mismo que si lo hubiera hecho estando en el colegio o en la universidad. Hoy eso significaría congelar mi carrera, mis proyectos, mi familia. Tiene otros costos”, reconoce.